Ponchos Verdes FM

miércoles, 13 de enero de 2021

Por qué el asalto al Capitolio es sólo el comienzo



Fuentes: De Wereld Morgen [Foto: Marco Verch Professional Photographer, Flickr / CC BY 2.0]

El 6 de enero presenciamos escenas en Washington reservadas normalmente para las repúblicas bananeras. No se trataba de un último intento para salvar la presidencia de Trump, como algunos piensan, sino del comienzo de un período violento y turbulento en la historia de los Estados Unidos. El analista político Marc Vandepitte resume los hechos y mira hacia el futuro.

Una acción «salvaje» planificada

Los eventos impactantes no cayeron del cielo. Semanas antes Trump había llamado a sus seguidores a través de una serie de tweets a acudir y manifestarse el 6 de enero. Uno de esos tweets no dejó mucho a la imaginación: “¡Venga, será salvaje!” (“Be there, will be wild!”)

A finales de diciembre ya estaba claro que los partidarios radicales planeaban una gran y violenta acción de protesta para evitar la certificación de la victoria electoral de Joe Biden. El grupo armado neofascista Proud Boys reservó hoteles en Washington con semanas de anticipación. En los foros codificados se hablaba de contrabando de armas y de la creación de un “campamento armado”. Muchos de los alborotadores parecen tener vínculos o son miembros de milicias de extrema derecha. Entre los detenidos estaba un teniente retirado de la Fuerza Aérea.

Una hora y media antes del asalto al Capitolio Trump incitó a sus seguidores en Twitter: “Nunca recuperarás nuestro país con debilidad. Tienes que mostrar fuerza”. En una reunión de protesta celebrada ese día en Washington su abogado personal Rudy Giuliani llamó a la multitud a resolver la disputa electoral mediante la violencia: un “juicio por combate”.

En retrospectiva sigue siendo sorprendente que los alborotadores fueran tan pocos. Este levantamiento es la culminación de cuatro años de escalada de violencia de la extrema derecha, desde los manifestantes cargados de antorchas en Charlottesville, que gritaron contra negros y judíos, las milicias fuertemente armadas que se manifestaron contra el confinamiento, hasta los planes para secuestrar y posiblemente asesinar al gobernador de Michigan.

Se estima que cientos de grupos paramilitares están activos en los EE.UU. en este momento. Algunos están fuertemente armados. Suman unos 50.000 miembros. Los expertos ven un cambio inquietante de únicamente mostrar las armas a una voluntad real de usarlas.

El verano pasado hubo casi 500 incidentes de intimidación o violencia por parte de civiles armados. Los supremacistas blancos y otros extremistas de derecha fueron responsables de dos tercios de todos los ataques y conspiraciones terroristas nacionales en 2020. La mitad de esa violencia se dirigió contra manifestantes. Es una reminiscencia de las bandas de matones fascistas de los años 30.

Extraña acción policial

El hecho de que los trumpistas fueran capaces de penetrar en estos edificios fuertemente custodiados es muy curioso. En primer lugar, ese edificio debería haber sido vigilado mucho más fuertemente. Las demostraciones del pasado muestran que tomar el Capitolio es casi imposible. La floja acción policial contrasta fuertemente con las anteriores manifestaciones cerca del Capitolio. Edward Luce del Financial Times lo dice sin rodeos: “Si manifestantes afroamericanos hubieran intentado asaltar el Capitolio o la Casa Blanca, no hay duda de que se habría disparado contra ellos”.

Los seguidores de Trump, sin embargo, encontraron poca resistencia por parte de los guardias de seguridad. Aparentemente, podían contar con su simpatía. Se vio a algunos policías que dejaban pasar a los alborotadores a través de las barreras del Capitolio. Otros incluso posaron felices juntos para un selfi con los partidarios de Trump. Se sabe que al menos una cuarta parte de las milicias de extrema derecha en los EE.UU. consiste en soldados y policías activos o antiguos.

Sin embargo, los servicios de seguridad eran perfectamente conscientes de antemano de los posiblemente serios disturbios. Por ejemplo, previamente se informó bien a los parlamentarios presentes de la amenaza y se les aconsejó que llevaran una bolsa con sus pertenencias para pasar la noche si fuera necesario.

Finalmente apenas 26 personas fueron detenidas dentro de los edificios y otras 43 personas fueron detenidas afuera. En una manifestación pacífica en 2018 en el mismo lugar se detuvo a 600 personas. La diferencia es que eran manifestantes de izquierda.

El apoyo republicano

Trump no fue el único en incitar y apoyar a los insurgentes. Incluso después del asalto al Congreso alrededor del 70 % de los republicanos en la Cámara de Representantes y una cuarta parte en el Senado se negaron a certificar al menos parte de los resultados de las elecciones.

Lauren Boebert, delegada republicana, declaró durante la sesión: “Ahora tengo votantes fuera de este edificio. Prometí ser su voto”. Los últimos días se mostró en un vídeo paseando con una pistola Glock por Washington.

Ivanka Trump, hija del presidente, describió a los alborotadores como “patriotas”. Muchos líderes republicanos condenaron, el ataque pero no culparon a Trump. Casi la mitad de los partidarios republicanos apoyan la invasión del Capitolio.

El caldo de cultivo

A pesar de su vulgaridad, su total incompetencia y su desastrosa política con respecto al coronavirus, Trump aún cuenta con muchos seguidores. En las últimas elecciones presidenciales obtuvo los votos de 74 millones de votantes, la segunda cifra más alta en la historia de los Estados Unidos. Hay varias razones para esto.

Desde la década de 1970 los EE.UU. han experimentado un relativo descenso económico en el escenario mundial. A partir de los años 90 esto fue acompañado por una desindustrialización de regiones enteras del país. Junto con una política de austeridad antisocial, esto se ha traducido en una fuerte degradación social.

Hoy en día el 58 % de los ciudadanos viven de salario en salario. A menudo tienen que aceptar dos o tres trabajos para no terminar en la pobreza. En los últimos cuarenta años el salario medio de los trabajadores blancos no cualificados ha disminuido más de un 20%, una caída que fue especialmente pronunciada después de la crisis financiera de 2008. Al mismo tiempo aumentó la tasa de mortalidad de la población adulta blanca. La brecha entre ricos y pobres se ahondó más. En ningún lugar del mundo occidental esa brecha es tan amplia como en los EE.UU. El 0,1 % de los afortunados tienen tanta riqueza como el 90% de los más pobres.

Además del declive social, se debilitó el tejido social. Las organizaciones sociales, las instituciones religiosas y los sindicatos vieron desplomarse significativamente la cantidad de sus miembros. En 1970 el 27 % de los empleados eran todavía miembros de un sindicato; hoy en día es sólo un 10 %. La gente se ha atomizado y se ha vuelto vulnerable. Al nivel político tampoco se podía contar con los demócratas. Al igual que los partidos de centro y socialdemócratas en Europa, bajo Clinton y Obama el partido demócrata fue la fuerza motriz de la política neoliberal. Los demócratas apenas tuvieron en cuenta las muchas quejas de gran parte del electorado (blanco).

La base social en la que se apoya Trump es principalmente la de los grupos de personas con un bajo nivel de educación, principalmente blancos. Pero sus ideas de extrema derecha y ultranacionalistas también atraen a segmentos de las clases media y alta.

Explotar el miedo y la ira

Ha surgido un peligroso vacío social y político. Mucha gente se siente ignorada y excluida por aquellos que tienen el poder político y económico. También ven el mundo como un lugar amenazador y hostil.

Trump responde a la desconfianza del establishment perfilándose como un forastero. A pesar de que Trump viene de las más altas esferas de la población, se posiciona como un antiestablishment y se enfurece contra la casta política, los medios de comunicación, los científicos e intelectuales. Su lenguaje duro y vulgar encaja perfectamente con eso.

Al igual que otros líderes de la extrema derecha en otros países, Trump es particularmente hábil en explotar el miedo y la ira de amplios sectores de la población. Utiliza un discurso venenoso que combina el chovinismo nacional con la hostilidad hacia los migrantes y las minorías. Condena a los intelectuales y expertos como traidores al pueblo. Eso atrae a la gente que se siente excluida. También da a la gente la sensación de que escucha sus quejas y que las defiende en contraste con otros líderes políticos.

En tiempos inciertos la gente busca respuestas simples y un líder fuerte. La ideología autoritaria y de extrema derecha de Trump es bien recibida por su grupo de apoyo radicalizado. Alrededor una cuarta parte de la población consideró en 2017 que una toma de posesión militar estaba justificada si había mucha corrupción o crímenes. El gran apoyo electoral con el que Trump puede contar insufla energías a los grupos paramilitares de extrema derecha y los hace más audaces.

Apoyo del establishment

Al principio de su mandato Trump pudo contar con la gran mayoría de la élite económica gracias a una importante reducción de impuestos. Sin embargo, sus guerras comerciales, su política caprichosa y sus lazos con la extrema derecha erosionaron ese apoyo. Una proporción significativa de empleadores no apoyó su política antiinmigratoria. No obstante, Trump siguió contando con capitalistas de sectores como la energía, la agroindustria, el transporte y la construcción.

La clase capitalista prefiere líderes políticos dispuestos y predecibles. Pero si no hay alternativa, no duda en ofrecer un salvavidas al bufón más brutal o incalculable, siempre y cuando defienda sus intereses. Esto nos enseña la historia del fascismo del siglo XX y las dictaduras del Tercer Mundo.

Los medios de comunicación y los medios sociales son cada vez más fundamentales en las elecciones. Según el Centro Berkman Klein, las elecciones presidenciales de 2020 fueron un proceso impulsado por la élite a través de los medios de comunicación. Al igual que en 2016 Trump pudo contar con mucho apoyo de los medios de comunicación. Rupert Murdoch, el poderoso magnate de los medios de comunicación, propietario, entre otras cosas, del canal de televisión más popular Fox, desempeñó un papel importante en la victoria electoral de Trump en 2016. Permaneció muy leal al presidente hasta su derrota electoral. Muchos medios de comunicación tradicionales adoptaron y reforzaron la campaña de desinformación sistemática lanzada por Trump durante las elecciones.

La influencia de las redes sociales es aún mayor. La propaganda digital fue el secreto de la primera victoria electoral de Donald Trump, pero también de la de Javier Bolsonaro en Brasil. En Twitter de Trump tenía 89 millones de seguidores, en facebook tenía 35 millones. Pero, incluso ahora que ha sido expulsado de twitter, puede seguir difundiendo su mensaje en plataformas o sitios supuestamente alternativos, como Gab, Telegram, TheDonald.win, Quillette, Spiked, etc., que a menudo tienen patrocinadores muy ricos. Son estas redes ‘sociales’ las que normalizan el racismo y ayudan a difundir ampliamente las ideas de la extrema derecha, también en nuestras regiones.

Legado duradero

Durante su mandato Trump ha construido una sólida base social. En las últimas elecciones le secundó el 47 % del electorado y después de su derrota electoral le siguió apoyando el 90 % de los republicanos. Seguirá contando con una poderosa maquinaria de propaganda, tanto a través de los medios de comunicación como de los medios sociales (alternativos). También nombró a muchos jueces conservadores y convirtió la Corte Suprema en un bastión conservador.

En cuatro años Trump ha conseguido que el partido republicano se someta completamente a su voluntad. Muchos de los parlamentarios, gobernadores y alcaldes son fieles acólitos de él. Muchos miembros del partido que no están de acuerdo con él no se atreven a abrir la boca. Tienen miedo de ser abordados por las redes sociales o, en la próxima nominación, de ser desafiados por un candidato más trumpiano. También por esa razón se han pronunciado tan pocos republicanos contra el llamado fraude electoral o culpan a Trump del asalto.

Un país altamente polarizado

Los implacables golpes de Trump a lo largo de los años han dejado su marca. La legitimidad y la estabilidad de todo el sistema político se han visto gravemente socavadas. Joe Biden será el primer presidente desde Abraham Lincoln en 1861 al que gran parte del país considera ilegal antes de prestar juramento.

El nuevo presidente tendrá que lidiar con un país altamente polarizado. Los partidarios radicales de Trump consideran los eventos del 6 de enero una gran victoria. La gran atención de los medios de comunicación les ha dado un impulso y les permitirá reclutar miembros y fortalecerse.

Los expertos temen que los disturbios mortales puedan ser el comienzo de una escalada de violencia más que un intento final de salvar la presidencia de Trump. Existe la posibilidad de que en las próximas semanas se produzcan nuevas redadas de este tipo y que los partidarios radicales recurran aún más a la intimidación y al uso de la violencia en los conflictos raciales, sociales o incluso laborales. Jorge Dávila, analista político de la CNN, advierte de una “guerra civil de baja intensidad”.

El trumpismo no se va

El futuro de Trump no está claro. ¿Lo van a expulsar? ¿Tendrá que comparecer ante un juez? ¿Podrá volver a presentarse a las próximas elecciones dentro de cuatro años, como planea hacer? Una encuesta reciente entre los republicanos mostró que es el favorito abrumador del partido para ser nominado para 2024. Después de él viene el vicepresidente Mike Pence y luego Donald Trump Jr.

Incluso si no es candidato, dada su considerable influencia en la base conservadora, podrá en gran medida determinar cuál de los republicanos entrará en la carrera. No hay escasez de candidatos. Por ejemplo, Mike Pompeo, su ministro de Asuntos Exteriores, o Tom Cotton, el senador de Arkansas. Como señala el Financial Times, “son versiones más duras de él, sin sus caprichos”.

Samuel Farber de Jacobin lo resume bien: “Cualquiera que sea el destino de Donald Trump en los próximos años, el trumpismo como movimiento político y estado mental, e incluso como movimiento, probablemente se sostendrá mejor que el propio Trump”. En Europa vemos corrientes similares y las mismas tendencias peligrosas. ¿Qué pasa si en las próximas elecciones parlamentarias en el norte de Bélgica la extrema derecha Vlaams Belang junto con el muy derechista NVA obtienen la mayoría de los votos? ¿Tendrá una resolución pacífica esa situación? En cualquier caso, los acontecimientos de los últimos días son una llamada de atención para todos nosotros.

Socialismo o barbarie

Para cambiar la marea (1) primero hay que frenar a las milicias paramilitares, lo que deberá que ir de la mano de una revisión y purificación de los servicios de policía y el ejército, así como de una enmienda a la ley de armas.

Pero no es suficiente. Estas milicias forman un tumor cancerígeno maligno en un cuerpo enfermo. Para recuperar la salud de ese cuerpo y eliminar el caldo de cultivo de la extrema derecha, se necesita una especie de nuevo contrato social, caracterizado por una fiscalidad justa, una asistencia sanitaria universal, un aumento de los salarios (mínimos) y las jubilaciones, y una educación superior más barata. También se necesitan grandes inversiones en infraestructuras, atención sanitaria y tecnología ecológica. Por último, el sistema político necesita un reajuste completo.

Mientras esto no suceda, la pérdida de prosperidad, la brecha entre ricos y pobres, la inseguridad, la falta de perspectivas de futuro y la desconfianza de los políticos continuarán formando un cóctel explosivo que podría llevar a un Trump bis o a algo peor.

Al mismo tiempo, es alentador el auge en los últimos años de la ideología de izquierda entre la población, especialmente entre los jóvenes. Una encuesta de Gallup mostró que el 51 % de los jóvenes entre 18 y 29 años tiene una posición favorable al socialismo. En la población en su conjunto es un 37 %. También es esperanzador el hecho de que se eligieran candidatos de izquierda radical para el Congreso.

Los procesos electorales son muy importantes, pero aún más importante es trabajar pacientemente en la base: sensibilizar, organizar y movilizar a la gente para un proyecto progresista sostenible. La llegada de Bernie Sanders ha sacudido profundamente el paisaje político de los EE.UU. En las pasadas campañas electorales se ha puesto en marcha un nuevo movimiento esperanzador. Se enfrenta a grandes retos. La consigna de Rosa Luxemburg «Socialismo o barbarie» es más actual que nunca.

Traducción del neerlandés Sven Magnus

Nota:

(1) Resumimos aquí parcialmente las conclusiones de un artículo anterior: ¿Puede Biden revertir el declive de su país?

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2021/01/10/waarom-de-bestorming-van-het-capitool-nog-maar-het-begin-is/





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La segunda Guerra Fría está llegando





Mientras que el coronavirus ha concentrado, con toda razón, gran parte de nuestra atención, un reajuste geopolítico fundamental ha estado cobrando forma en el mundo y se hará más claro en este 2021. El reajuste es el comienzo de una segunda Guerra Fría, que esperamos no se convierta en una guerra «caliente».

La nueva Guerra Fría se producirá entre China y Occidente, pero debe ser muy diferente a la que tuvo lugar con la Unión Soviética. El mundo ha cambiado significativamente desde 1989, el año de la caída del Muro de Berlín.

La brecha entre los dos campos opuestos es ahora mucho más pequeña. La extinta Unión Soviética, un gigante militar con escaso desarrollo industrial, tenía la ventaja de presentarse a sí misma como la líder de una ideología internacional. De cierta manera, esta también era una bandera de Occidente, que convertía en su propia identidad el llamado a la libertad y la democracia.

En la actualidad, China no enarbola una verdadera bandera internacional y Occidente está asediado por contradicciones internas, desde la batalla de las democracias antiliberales, como la de Hungría bajo Viktor Orbán, hasta las olas nacionalistas, xenófobas y populistas que recorren todos los países y el dramático aumento de la desigualdad social y la degradación de los puestos de trabajo, la calidad de vida y las perspectivas sobre el futuro.

Todo esto hace que el estandarte occidental sea mucho menos fuerte que después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, por la actual fragmentación del mundo, sería probablemente imposible crear las Naciones Unidas o adoptar la Declaración de los Derechos Humanos.

Mientras tanto, China está experimentando un desarrollo industrial, científico y tecnológico que nunca estuvo al alcance de la Unión Soviética. Por último, añadamos el factor demográfico: China, con sus 1.4 mil millones de habitantes, tiene una fuerza muy diferente a los 291 millones con que contaba la URSS en 1989. Rusia se ha reducido ahora a 147 millones: mucho menos que los 208 millones de Nigeria, sin mencionar los 220 millones de Pakistán.

Esta nueva alianza occidental está teniendo lugar sin que muchos se den cuenta. La OTAN ya no se ocupa del Atlántico Norte, como se estableció en su constitución, y el poderío militar soviético ya no es tan significativo en la actual Federación Rusa.

En su poco sofisticado intento de hacer que Estados Unidos no dependa de ningún otro país, aunque sea un aliado histórico, el saliente presidente Donald Trump se distanció de la OTAN. El presidente francés Emmanuel Macron ha dicho que la OTAN está en «muerte cerebral». Y Europa ha descubierto que vivir bajo el escudo americano podría ser una percepción ilusoria.

Entonces, la actual Comisión Europea (el órgano ejecutivo de la Unión Europea) se ha embarcado en una fuerte política para hacer de Europa un actor internacional competitivo, dando prioridad en las inversiones a la tecnología verde, la inteligencia artificial, el desarrollo digital, el refuerzo de las patentes europeas, así como para frenar el poder desenfrenado de la gran tecnología americana.

Y ahora que Reino Unido ha abandonado la Unión Europea, han desaparecido de las fuentes de división de los 28 (ahora 27), como aquella de la defensa europea. Hay, incluso, una asignación de 8.000 millones de dólares para el embrión de un ejército europeo que, por supuesto, palidece en comparación con los 732.000 millones de Estados Unidos.

Sin embargo, pocos se dieron cuenta de que en noviembre el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, presidió un grupo de expertos que recomendó, sin oposición, que la primera tarea de la Alianza debería ser responder a la amenaza proveniente de los «rivales sistemáticos» de Rusia y China. Incluir a China en el centro de la agenda de la OTAN es un cambio tal que significa reinventar completamente la alianza transatlántica. Los viejos términos de la Guerra Fría están de regreso, como viejos barriles con un nuevo contenido.

El documento final llama a la «coexistencia», a la necesidad de mantener la superioridad militar y tecnológica, a establecer nuevos tratados de control de armamentos y a la no proliferación de las armas avanzadas. También subraya que hay campos de cooperación, desde el comercio hasta el control climático.

El período de Trump ha sido un bono inesperado para China. Barack Obama hizo grandes esfuerzos para crear un acuerdo comercial asiático —la Asociación Transpacífica (TPP)—, que excluiría a China e incluiría a Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Se firmó el 4 de febrero de 2016.

En enero de 2017, Trump asumió la presidencia y se retiró rápidamente del tratado. En parte esto tuvo que ver con su obsesión por deshacer cualquier cosa que Obama hubiera hecho, pero también fue debido a su fuerte creencia de que Washington no debería entrar en ningún tratado que pudiera condicionarlo y que se beneficiaría más de las relaciones bilaterales, en las que Estados Unidos siempre sería el chico grande de la sala. «América primero» significaba, de hecho, «América sola».

El resultado es que, durante cuatro años, China ha sido capaz de actuar como el campeón del multilateralismo y del control climático, mientras que para Estados Unidos era simplemente una cuestión de aranceles con su política centrada en las exportaciones chinas.

China ha sido capaz básicamente de esquivar este asunto y la balanza comercial entre Beijing y Washington está más desequilibrada a favor de China que nunca. Trump se involucró en una pelea contra la 5G y Huawei, pero no ocultó su admiración por los hombres fuertes, desde Kim Jong-un, hasta Vladimir Putin y Xi Jinping.

Y, durante esos cuatro años, China ha sido capaz de continuar su programa de expansión global. No solo con su famoso proyecto -la Ruta de la Seda- con conexiones abiertas para su comercio con el mundo, sino también con el establecimiento del mayor bloque comercial de la historia: la Asociación Económica Regional Integral (AER) que destruyó todo rastro del TPP, que había excluido a China.

La nueva Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés) tiene su base en China y Estados Unidos está fuera. El tratado se firmó en noviembre de 2020 y Trump estaba tan obsesionado con su teoría sobre el fraude en las elecciones presidenciales en su país que ni siquiera le dedicó un comentario.

Pero la RCEP tiene 15 países miembros: Australia, Brunéi, Camboya, China, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar (Birmania), Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam. El bloque tiene el 30 por ciento de la población mundial (2.200 millones), y 30 por ciento del PIB mundial (26,2 billones, millones de millones).

Solo la India, que está bajo el liderazgo autoritario y xenófobo de Narendra Modi, se mantuvo fuera, quejándose de que sería invadida por productos chinos baratos. Pero en realidad, la India se ve a sí misma como la alternativa regional a China, a pesar de estar muy atrasada en términos económicos y tecnológicos. Pero es un país joven, con 50 por ciento de su población menor de 25 años, mientras que en China es solo el 31 por ciento.

Los pronósticos indican que Asia se convertirá, con mucho, en la zona geopolítica y económica más importante del mundo. Según la empresa consultora McKinsey, en 2040 acumulará 50 % del comercio mundial y 40 % del consumo total de bienes y servicios.

Europa, y también Estados Unidos, están convencidos de que pueden competir con China y evitar que se convierta en una potencia mundial. Pero esto significa un reajuste total de las relaciones internacionales, en particular una nueva alianza entre Europa y Estados Unidos, y una política dirigida a formar un grupo de países que estén dispuestos a ponerse del lado de Occidente, como sucedió durante la Guerra Fría.

China llevará a cabo la misma política y, seguramente, veremos un nuevo grupo de países no alineados como reacción al conflicto. Por ejemplo, en este momento, un influyente grupo de académicos y diplomáticos está haciendo campaña en América Latina para que la región permanezca no alineada ante el próximo conflicto.

El número de diciembre de Foreign Affairs (Asuntos Exteriores), el espacio más influyente para el debate estadounidense sobre cuestiones internacionales, ha publicado un ensayo titulado «La competencia con China podría ser corta y aguda», que habla abiertamente de un posible conflicto armado en los próximos diez años.

Los autores visualizan una fuerte aceleración de la competencia en un futuro próximo y varias desventajas para China. La primera que va a aislar a China es la ausencia de democracia (en un momento en que resulta dudoso que Estados Unidos, con Trump como modelo y ejemplo, sean creíbles). Luego, más sustancialmente, es que la ventana de oportunidad de China se está cerrando rápidamente.

Desde 2007, la tasa de crecimiento económico anual de China se ha reducido en más de la mitad y la productividad ha disminuido en 10 %. Mientras tanto, la deuda se ha multiplicado por ocho y está en camino de alcanzar 335 % del PIB para fines de año. China tiene pocas esperanzas de revertir estas tendencias, porque perderá 200 millones de personas en edad laboral y ganará 300 millones de adultos mayores en 30 años. Asimismo, los sentimientos globales contra China se han disparado a niveles nunca vistos desde la masacre de la plaza de Tiananmen en 1989. Casi una docena de países han suspendido o cancelado su participación en el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en inglés). Otros 16 países, incluidas ocho de las 10 economías más grandes del mundo, han prohibido o restringido severamente el uso de productos de Huawei en sus redes 5G. India se ha puesto dura contra China desde que, en junio, un enfrentamiento en la frontera común mató a 20 soldados. Japón ha incrementado el gasto militar, ha convertido buques anfibios en portaaviones y ha encadenado lanzamisiles a lo largo de las Islas Ryukyu, cerca de Taiwán. La Unión Europea ha calificado a China de «rival sistémico», y Reino Unido, Francia y Alemania están enviando patrullas navales para contrarrestar la expansión de Beijing en el mar de China Meridional y en el océano Índico. En múltiples frentes, China se enfrenta al retroceso creado por su propio comportamiento.

Es interesante ver cómo la inteligencia americana es prisionera de su sentido de superioridad. China, también gracias a Trump, ha sido capaz de adquirir, al menos, un punto de apoyo en todas partes. Por supuesto, no tienen las 1.176 bases militares que Washington posee alrededor de todo el mundo, pero están trabajando para lograrlo.

De todos modos, el ensayo de Foreign Affairs recomienda aumentar urgentemente las defensas de Taiwán que, después de Hong Kong, es la última pieza de China que no está controlada por Beijing. Y señalan que una guerra es muy posible en un corto plazo, posiblemente en diez años.

Sin embargo, con el tiempo, «la posibilidad de una guerra podría desvanecerse en la medida en que Estados Unidos demuestre que Beijing no puede revocar el orden existente por la fuerza, y en que Washington se vuelva poco a poco más confiado en su capacidad para superar a una China en desaceleración».

Es difícil seguir la convicción estadounidense de que el mundo es suyo y que la pax americana es inmutable. De hecho, cuando en el siglo XVI Estados Unidos aún no existía, China representaba el 50 por ciento del PIB mundial, según la mayoría de los economistas.

Ahora, el desarrollo tecnológico chino está a punto de superar al de los Estados Unidos. Según el Banco Mundial, en términos de poder adquisitivo, China superó a Estados Unidos el año pasado. La moneda china y las reservas de oro duplican las de la nación norteamericana.

Lo que sí es cierto es que dentro de 10 años tendremos un enorme desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y, por el momento, Estados Unidos parece tener la ventaja. Pero los últimos desarrollos en la IA apuntan a sistemas de autoaprendizaje. En ese sentido, la cantidad de datos marca la diferencia, y China tiene el doble de personas que Estados Unidos y Europa juntos.

Pero ¿por qué China estaría tentada a empezar una guerra contra Estados Unidos? Desestabilizaría un sistema basado en el comercio en el que China es de lejos el mayor ganador. Sería una guerra extremadamente difícil de ganar porque la escala de operaciones empequeñecería al ejército chino.

¿Y cómo podría Estados Unidos iniciar una guerra contra China? Una vez que el bombardeo aéreo se ejecuta (a menos que sea atómico, que es la receta segura para la destrucción del planeta), hay que poner, como dice la jerga militar, botas en tierra. ¿Se puede pensar en una invasión a China?

Por lo tanto, sería importante desalentar cualquier escalada, y no solo durante los próximos 10 años. La guerra es siempre un peligro porque la estupidez humana, como dijo Einstein, es tan ilimitada como el universo. Los mismos autores del ensayo de Foreign Affairs recuerdan la Primera Guerra Mundial, como algo que nunca debió haber sucedido.

Pero las señales de una escalada continúan. A fines de diciembre, el ex secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, afirmó en una entrevista que la OTAN debe ganar la batalla tecnológica contra China.

Y el Consejero de Seguridad Nacional designado por la administración del presidente electo Joe Biden, Jake Sullivan, acaba de hacer un llamamiento a la Unión Europea, buscando la solidaridad con Estados Unidos a través de la no suscripción de un acuerdo comercial con China.

La segunda Guerra Fría está llegando….

Periodista italo-argentino, Roberto Savio fue cofundador y director general de Inter Press Service (IPS), de la que ahora es presidente emérito. En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2021/01/la-segunda-guerra-fria-esta-llegando/





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lunes, 11 de enero de 2021

🔊Noticias desde BOLIVIA 🎧🎤

Escalada de casos positivos de COVID es por la implementación de pruebas rápidas





El ministro de Salud y Deportes, Edgar Pozo, señaló que la escalada de casos positivos de COVID-19 en el país, responde a la implementación de pruebas rápidas que permiten brindar diagnósticos más precisos.

Esta aclaración surge luego de que Bolivia alcanzó su cifra récord el pasado viernes, con 2.263 contagios confirmados en un solo día.

La autoridad de Salud, explicó que realizar una mayor cantidad de pruebas y por consiguiente mayor cantidad de diagnósticos, permite que los pacientes positivos detectados mediante estas pruebas, inicien inmediatamente un tratamiento y de esta forma puedan evitar llegar a terapia intensiva.

Artículo de Ángel Lozano

Llegó cargamento con 650.000 pruebas gratuitas de antígeno nasal




El presidente Luis Arce, aseguró que el Gobierno cumplió con una de sus promesas de lucha contra el COVID-19 con el arribo de un importante cargamento de pruebas de antígeno nasal para prevenir la propagación de los contagios y bajar la tasa de mortalidad.

Bolivia recibió un lote de 650 mil pruebas de antígeno nasal, de un total de 1,6 millones test adquirida en tiempo récord por el Gobierno para afrontar la segunda oleada de coronavirus. Esas 650 mil pruebas se suman a las 40 mil que recibió el país el 31 de diciembre pasado.

Arce garantizó la compra de un total de 2,2 millones de pruebas de antígeno nasal y PCR, que permitirá detectar y romper la cadena de contagios y atender a los enfermos en etapas tempranas.


Anuncian restricciones de circulación peatonal, vehicular y de actividades comerciales





Ante el incremento de casos positivos de coronavirus en el país, el ministro de Salud, Edgar Pozo, anunció la implementación de medidas restrictivas que van desde la reducción de los horarios de circulación peatonal – vehicular y la restricción en actividades comerciales.

Estas disposiciones deberán ser implementadas por los gobiernos departamentales y municipales.

En lo que se refiere al transporte público, la autoridad señaló que se limitará el número de pasajeros y se obligará a los conductores a usar el barbijo todo el tiempo.

Artículo de Ángel Lozano


Intensifican controles a medidas de bioseguridad en el Aeropuerto de El Alto



El gerente del Aeropuerto Internacional de El Alto, Gustavo Pastor Imaña, afirmó que esa terminal aérea intensificó, principalmente en el último periodo, las medidas de bioseguridad y control para garantizar que los pasajeros puedan viajar sin riesgos de contagio de COVID-19.

Pastor indicó que durante el último periodo se incrementaron las medidas de control en la terminal aérea para prevenir los efectos de la segunda ola del COVID-19. Entre ellas están la toma de temperatura, desinfección de calzados y manos; además del aumento de señalética, mayor información a través del perifoneo, y otras.

Respecto a los vuelos internacionales, dijo que actualmente existe una restricción para los pasajeros procedentes de Europa que fue ampliada hasta mediados de mes y aquellos que vengan de otros países pueden ingresar portando su prueba PCR negativa, que «tiene que tener una validez específica dependiendo del país de procedencia».

También indicó que existe personal del Servicio Departamental de Salud (SEDES) en el aeropuerto para tomar acciones y activar los protocolos ante cualquier caso sospechoso de COVID-19.

OMS: Los países más pobres podrían recibir vacunas en pocas semanas





Los países más pobres podrían empezar a recibir las primeras dosis de vacunas anti-covid-19 a finales de enero, informó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El proceso de vacunación ya está llevándose a cabo en algunas de las naciones más ricas, incluidos EEUU, Reino Unido, países europeos y Canadá.

La alianza privada y pública Covax, que organiza a nivel mundial la distribución de las vacunas, ha firmado acuerdos para obtener hasta 2.000 millones de dosis. Las primeras dosis empezarán a ser distribuidas en estas semanas, explicó la jefa de la sección de vacunas de la OMS, Kate O’Brien.

El objetivo de Covax es lograr vacunas para el 20 por ciento de la población en cada país participante a finales de este año. El 92 por ciento de los países más pobres verán cubiertos sus gastos de compra.

La experta de la OMS recordó que las nuevas variaciones del coronavirus que han aparecido en el Reino Unido o en Sudáfrica no afectan en principio a la efectividad de las vacunas.

 LOS TIEMPOS

Desborde de dos ríos inunda 37 comunidades en San Borja



37 comunidades de San Borja fueron afectadas por el desborde de dos ríos del sector debido a las intensas lluvias, más de 3 mil personas fueron evacuadas a un albergue temporal.

El viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes, viajó hasta el lugar para evidenciar los daños causados por el desborde del caudal de agua de los ríos, la autoridad informó que se habilitó el coliseo de San Borja como albergue temporal para las más de 3 mil personas damnificadas.

Finalmente señaló que existen al menos 4 departamentos del país con alerta roja debido a las intensas lluvias.

Artículo de Erika Apaza

Médicos del Hospital de Clínicas deben decidir el ingreso de pacientes a terapia intensiva



Escenas desgarradoras se viven a diario en el Hospital de Clínicas, gente implorando por un espacio en terapia intensiva para sus familiares enfermos.

Esta situación se agravo debido al incremento de casos por COVID-19 y al mismo tiempo, la atención de pacientes con otras patologías. Los médicos se sienten impotentes ante esta trágica realidad.

Pese a que el Ministerio de Salud entregó equipamiento para habilitar 10 unidades de terapia intensiva al margen de las 6 que se tenía, la demanda continúa y la situación se pone cada día más difícil, el dilema es decidir quién tiene la prioridad.

Lamentablemente los médicos están obligados a asumir la penosa decisión que significa salvar la vida a alguien, estos los dilemas a los que nos enfrenta la pandemia del coronavirus.

Artículo de Ángel Lozano

Gobernaciones y Alcaldías tienen recursos para atender segunda ola de COVID-19



El viceministro de Presupuesto, Zenón Mamani, explicó que actualmente las Gobernaciones y Alcaldías tienen 274 millones de bolivianos, recursos provenientes del IDH en cuentas bancarias que fueron destinados para la atención del COVID-19 en la pasada gestión.

Mamani explicó que estos recursos deberían ejecutarse para atender el rebrote del virus que actualmente está afectando nuevamente al país, la autoridad también dio a conocer que se cuenta con un buen monto económico proveniente del saldo correspondiente al Seguro Universal de Salud.

Finalmente informó que algunas Gobernaciones y Municipios presupuestaron 48,3 millones de bolivianos como recursos económicos para la atención del coronavirus en esta gestión.

Artículo de Wilma Catari

El MAS se sobrepuso a la adversidad y ahora es un frente político consolidado




En muchos casos la historia no se repite, pero nos muestra grandes similitudes en momentos diferentes. En materia política, el surgimiento del MNR y el MAS, revela una gran semejanza entre ambos partidos políticos.

La historia del MNR se remonta a su creación en 1930 y 1950 con la revolución nacional y su lucha contra las clases y élites dominantes. Este periodo de ascenso nacional-popular que denominamos Revolución Nacional, duró varias décadas y permitió al MNR constituirse en uno de los partidos políticos más importantes de la historia.

No solo por las transformaciones realizadas, sino por formación de cuadros al interior de este frente político. El proceso de construcción política y social del MNR por más de 5 décadas, que contó con la participación de grandes líderes, fue uno de los factores que más influyó en el resquebrajamiento del MNR dando lugar a la creación de otros frentes políticos.

Una de las principales similitudes entre el MNR y el MAS en la política del país, está relacionada a la popularidad de ambos partidos políticos, en el caso del MAS logró un gran acercamiento con las organizaciones sociales.

Un aspecto fundamental que diferencia al MAS del MNR, según los analistas, es que el actual partido en función de gobierno, tuvo la virtud de continuar en carrera pese a la salida de su líder y los ataques del gobierno de transición de Jeanine Añez. Una prueba clara fue su victoria por mayoría absoluta en las elecciones generales de octubre de 2020.

Si bien, producto de las elecciones subnacionales, surgieron algunos signos de resquebrajamiento al interior del MAS, según los expertos esta situación es el resultado natural del surgimiento de nuevos líderes y le puede servir para que a partir de esta crisis, pueda fortalecerse aún más como instrumento político.

Artículo de Ángel Lozano

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jueves, 3 de diciembre de 2020

Ni prejuicios ni manzanas podridas. Racismo estructural


El combate contra el racismo debe ser una lucha en la que se implique toda la sociedad (como en toda lucha social)

Cada cierto tiempo, algún hecho de impacto mediático mundial sitúa la problemática del racismo en el centro del debate. Ocurrió en mayo de 2020 con el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, en EE UU. Tertulias, noticieros y artículos abordaron profusamente lo ocurrido, y el lema Black Lives Matter se convirtió en un reclamo mundialmente compartido.

Sin embargo, y sobre todo en el contexto occidental y europeo, hablar de racismo es siempre incómodo y polémico, incluso violento. Una parte importante de la población es abiertamente racista y/o niega la existencia del racismo, y otra, en la que se incluyen personas del movimiento feminista, LGTBI o que son parte de la autodenominada izquierda política, piensa/analiza/observa el racismo desde una perspectiva eurocéntrica, lo ve como un fenómeno relacionado con prejuicios y estereotipos que se tienen sobre unas poblaciones, y no como un sistema mayor de opresión vinculado a estructuras coloniales de poder.

Esta diferencia de enfoque está relacionada con las corrientes de pensamiento desde las que se ha teorizado críticamente sobre el racismo: por un lado, la filosofía posmoderna, que cuestiona la racionalidad europea de la modernidad así como sus grandes relatos universales, pero que no deja de ser una crítica al eurocentrismo desde el eurocentrismo, y, por otro, las teorías poscolonial y decolonial, que representan un punto de inflexión dentro de la narrativa crítica al proyecto civilizatorio moderno, y en el caso del pensamiento decolonial, una ruptura radical con la epistemología en la que este proyecto se ha sido sustentado.

En Genealogía del racismo, Michel Foucault sitúa el surgimiento del discurso racista a finales del siglo XIX, como una conversión del discurso de la lucha de razas intraeuropea que cuestionaba el poder de las monarquías, y que tuvo lugar siglos antes, desde fines del siglo XVI hasta comienzos del XVII (Foucault, 1998). Tal como sostiene Grosfoguel (2012) en su artículo “El concepto de ‘racismo’ en Michel Foucault y Frantz Fanon: ¿teorizar desde la zona del ser o desde la zona del no-ser”, el filósofo francés utiliza el término razas no en la acepción racista decimonónica del término, sino para referirse a las distintas etnias europeas que formaron parte de esa lucha de razas.

Según Foucault, este discurso de guerra de etnias se bifurca en los primeros años del siglo XIX en dos transcripciones: por un lado, en un discurso de lucha de clases; por otro, en un discurso histórico-biológico de las razas (aparición como tal del discurso racista), con el que los Estados intentan hacer frente al discurso de la lucha de clases, valiéndose de la biopolítica con el fin de mantener el poder y el control social.

En su análisis, además de afirmar que el racismo surge como un fenómeno propiamente europeo a finales siglo XIX en forma de discurso contra poblaciones internas, Foucault sostiene que “al menos en algunos casos” (1998: 59) este discurso estará relacionado con la dominación colonial. De este modo, no solo resta importancia a las consecuencias históricas del proceso colonizador iniciado a partir del siglo XV, sino que ignora todas las identidades y categorías que surgieron tras la conquista de las Américas y la esclavitud, y sin las cuales sería imposible analizar la construcción del discurso racista.

El racismo y la construcción del Otro

A diferencia del pensamiento posmoderno europeo, las teorías poscolonial y decolonial teorizan críticamente sobre el racismo cuestionando no solo los pilares de la modernidad, sino la constitución de todo el proyecto moderno en relación al genocidio y explotación de los pueblos colonizados.

Autores/as poscoloniales como Edward Said, Gayatri Chakravorty Spivak y Ngugi Wa Thiong´o, entre otros, han analizado los devastadores efectos que tuvo la modernidad para los pueblos no europeos, a través de la concepción colonial de la razón, del humanismo y del universalismo, y la forma en que Europa se erigió a sí misma como único sujeto válido, en contraposición a otro construido como lo exótico y atrasado.

En la teoría decolonial este análisis va todavía más allá. Diversos autores y autoras que forman parte de este grupo de pensamiento (entre ellos, Aníbal Quijano, Walter Mignolo, María Lugones, Enrique Dussel, Ramón Grosfoguel, Santiago Castro-Gómez y Sylvia Wynter), han analizado profusamente, desde los años 90, la relación dialéctica entre modernidad/colonialidad, afirmando que no se trata de conceptos opuestos, sino de dos caras de una misma moneda, donde la colonialidad sería el lado oculto constitutivo de la modernidad.

Afirman que la modernidad no fue solo un periodo histórico, sino una retórica que se inicia a partir de 1492, tras la conquista de las Américas y la esclavitud, con el objetivo de construir el mito narrativo de superioridad de la civilización europea, en contraposición a una alteridad. En palabras de Dussel, Europa se constituye como el centro de la historia mundial en el momento en que construye esa periferia compuesta por los pueblos colonizados, explotados y esclavizados (citado en Mignolo, 2014).

Por tanto, y a diferencia de Foucault, que borra de su análisis el proceso colonizador del siglo XV, la teoría decolonial sitúa el surgimiento del racismo precisamente a partir de 1492, cuando se inaugura la jerarquía racial a nivel global basada en el relato moderno que establece la existencia de dos mundos contrapuestos: uno civilizado que es Europa (nosotros), versus un mundo irracional y salvaje al que hay que civilizar (Otro).

La creación de esta alteridad traería consigo nuevas identidades (indio, negro, mestizo, criollo, blanco, etc.), nuevos conceptos de clasificación geopolítica (Europa, Occidente y Oriente) y la redefinición de África como tierra de esclavos. Todos estos conceptos, que fueron construidos de forma política e interesada, sirvieron para justificar la violencia genocida y epistémica que se ejerció a través del denominado proyecto civilizatorio de la modernidad contra los pueblos tachados como racialmente inferiores.

Deshumanización y la zona del ser y del no-ser de Fanon

Uno de los aspectos que caracteriza la teoría decolonial es su análisis sobre el concepto de deshumanización en relación a la construcción del discurso racista. Grosfoguel (2012) afirma que antes de 1492 habría existido en la península ibérica una especie de protorracismo vinculado a la idea de pureza de sangre, con el que la monarquía católica justificaba su persecución a musulmanes y judíos tras la conquista del territorio conocido como Al-Ándalus. Sin embargo, este discurso no ponía en entredicho la humanidad de judíos y musulmanes, a quienes se consideraba seres humanos con un dios y una religión equivocadas.

Es a partir de la conquista de las Américas, y a todo lo largo del siglo XV, cuando se inicia el proceso de deshumanización de las poblaciones no europeas. Ese sería el punto de inflexión, el antes y el después que marcará, en base a la división jerárquica étnico-racial, el inicio del dominio imperialista de Europa y Occidente sobre el resto del mundo. A partir de entonces, y bajo la excusa de civilizarlos, los indígenas de las Américas, millones de personas del África subsahariana, el pueblo árabe-musulmán, el pueblo gitano, todos los pueblos deshumanizados y subhumanizados, serán sometidos, torturados, violados, esclavizados, asesinados, en beneficio político, económico y social de Europa y Occidente.

Frantz Fanon, uno de los mayores inspiradores del pensamiento decolonial, analizó la cuestión de la deshumanización a través de su concepto de la zona del ser y la zona del no-ser sobre la línea de lo humano.

En Piel negra, máscaras blancas, el psiquiatra martiniqués sostiene que los sujetos que han sido ubicados en el lado superior de la línea (considerados seres humanos) habitan lo que él denomina la zona del ser, mientras que aquellos que viven en el lado inferior (deshumanizados), lo hacen en la zona del no-ser (Fanon, 2010). Obviamente, no se trata de lugares geográficos, sino de la posición que se ocupa en las relaciones de poder dentro del sistema-mundo moderno/colonial.

La interseccionalidad de factores como la clase, el género y la sexualidad ocurre en ambas zonas. Sin embargo, Fanon sostiene que es la raza la que constituye la línea divisoria transversal que organiza todas las demás opresiones y, por tanto, que la experiencia vivida y la forma de solucionar los conflictos es muy diferente en ambos lugares.

Desde esta teoría, ampliada después gracias a las aportaciones que realizará De Sousa Santos (2010) con su “Línea abismal”, se afirma que los sujetos que habitan la zona del ser (poblaciones blancas) son personas reconocidas socialmente como seres humanos con derechos sociales/ciudadanos/civiles/laborales, etc. En esta zona el Yo opresor lo constituye el poder blanco, patriarcal, capitalista y heterosexual; en tanto que el Otro oprimido está compuesto por las poblaciones blancas que pueden sufrir opresión por cuestiones de clase, género y/o sexualidad, pero nunca por cuestión de raza, pues su humanidad les está reconocida.

En esta zona del ser los conflictos se gestionan a través de mecanismos de regulación y emancipación; es decir, códigos de derechos humanos, civiles, laborales, espacios para negociaciones y acciones políticas (regulación), y mediante conceptos como autonomía, igualdad y libertad (emancipación). Existe aquí una dialéctica entre el Yo opresor y el Otro oprimido que genera un reconocimiento mutuo y por ello los episodios de violencia son esporádicos.

Por el contrario, a los sujetos que habitan la zona del no-ser (poblaciones no blancas) no se les reconoce como seres humanos con derechos sociales/ciudadanos/civiles/laborales, etc. Son subhumanizados (su humanidad es cuestionada) o deshumanizados (su humanidad es negada). En la zona del no-ser, el Yo opresor también está representado por el poder blanco, patriarcal, capitalista y heterosexual, mientras que el Otro oprimido lo componen las poblaciones racializadas, quienes, además de sufrir opresión de clase, sexualidad y/o género, etc., sufren violencia racial.

Aquí, la dialéctica y el reconocimiento mutuo que existe en la zona del ser colapsan al no reconocérsele al Otro su humanidad; por tanto, el método que utiliza el Yo opresor para gestionar los conflictos es casi siempre la violencia y la apropiación descarada, mientras que los episodios de regulación y emancipación se convierten en hechos esporádicos.

Colonialidad del poder y epistemicidio

Esta deshumanización e inferiorización se ha llevado a cabo a través de diferentes narrativas a lo largo de historia. Tal como afirma Mignolo (2014), comenzó en el siglo XV con el discurso del Renacimiento y la teología de la cristiandad occidental; siguió con la Ilustración, ciencia y filosofía de la secularidad occidental, y ha continuado con el discurso occidental del desarrollo y la economía.

Después de siglos de dominación económica, política y cultural, Occidente ha terminado imponiendo su relato único de superioridad sobre el resto del mundo mediante la colonialidad del poder (Quijano, 2000): Occidente ya no necesita colonias ni ejércitos para continuar su dominio imperial. Las jerarquías raciales, epistémicas y culturales que impuso partir del siglo XV siguen vigentes a día de hoy mediante la reproducción del patrón de explotación basada en la creencia de que lo europeo y occidental representa el ideal a alcanzar.

Este proceso no habría sido posible sin la existencia de lo que De Sousa Santos (2017) denomina epistemicidio, es decir, la aniquilación de saberes comunitarios y ancestrales, y de las formas en que estos saberes se construían y transmitían, sobre todo después del nacimiento del método científico, convertido por Occidente en una herramienta garante de objetividad contra la subjetividad e irracionalidad de los pueblos colonizados y subalternizados.

Racismo estructural y dispositivos racistas de Estado

Todos estos aspectos mencionados anteriormente son imprescindibles para comprender la vivencia de la opresión en las personas racializadas. Y también para no reproducir la violencia racista que niega esta experiencia.

Tal como mencionaba al comienzo del artículo, existen dos concepciones acerca de lo que es el racismo. Una que dice que se trata de prejuicios y estereotipos contra determinadas poblaciones, y otra –donde se sitúa el antirracismo político– que señala que el racismo es una matriz de poder basada en una jerarquización étnico-racial a nivel global, parte del sistema capitalista, cuyo principal objetivo es la supremacía económica, política y social de Occidente, mediante la explotación y subalternización de las poblaciones racializadas.

La diferencia entre una definición y otra no solo determina el privilegio racial de quien enuncia, sino también el tipo de discurso y de lucha antirracista que se desprenderá de ella.

En más de una ocasión, participando en algún debate o charla sobre racismo, me ha tocado escuchar reflexiones acerca de cómo una persona gallega o andaluza en Madrid puede sufrir el mismo tipo de discriminación que una persona negra, sudamericana o gitana en Madrid. También he escuchado y/o leído que se puede considerar víctima de racismo a una persona que ha sufrido algún tipo de maltrato por ser leída como racializada.

Partiendo de la premisa de que todas las personas podemos sufrir discriminación por nuestras características físicas, nuestra forma de hablar o por tener determinadas prácticas culturales, es necesario señalar los peligros que conlleva confundir un incidente, o varios incidentes de carácter racista, con la experiencia sociohistórica de millones de personas en el mundo –poblaciones negras, afrodescendientes, árabe-musulmanas, gitanas, latinoamericanas, caribeñas y asiáticas–, en cuyas vidas el racismo actúa no como una casuística, una anécdota o acto xenófobo, sino como aquella matriz de dominación/inferiorización que condiciona todos los aspectos de sus vidas, tal como condicionó la vida de sus antepasados, y como condicionará, de no subvertir el orden establecido, la de sus descendientes.

Las reflexiones de Fanon sobre la zona del ser y la zona del no-ser, que pueden sonar tan filosóficas y abstractas, se vuelven una cruda realidad cuando vemos que es muy diferente que se rían de tu acento a que te encierren en una cárcel racista como es el CIE y luego te deporten a un país que ni conoces o al que no puedes volver; que el mercado laboral no discrimina de la misma manera a una mujer europea que a una mujer indígena o gitana, puesto que si la primera tal vez cobre un salario inferior al de un hombre, la indígena y gitana ni siquiera podrán acceder a un puesto de trabajo, ya que sus conocimientos y capacidades serán puestos en duda.

En la zona del no-ser están los millones de seres humanos a quienes se les deja morir en el Mediterráneo; los sin papeles, condenados a trabajar en la economía sumergida con salarios de miseria; los regidos por la Ley de Extranjería, categorizados/as como ciudadanos/as de segunda, quienes enfrentan mil trabajos para obtener y/o renovar sus autorizaciones de residencia, conseguir un contrato de trabajo u homologar titulaciones; las víctimas de violencia policial en lugares como la red de transporte público, parques y plazas (hecho denunciado constantemente en redes sociales por asociaciones como SOS Racismo Madrid), y las víctimas de identificaciones por perfil étnico-racial, práctica que señala y criminaliza todavía más las vidas de las personas migrantes y racializadas.

Estas últimas, las paradas racistas, representan un hecho tan institucionalizado que ni siquiera se dejaron de ejercer durante el estado de alarma. En el informe Crisis sanitaria COVID-19: Racismo y xenofobia durante el estado de alarma en España, elaborado por el Equipo de Implementación del Decenio Afrodescendiente en España, en colaboración con Rights International Spain (RIS), se señala que diferentes organizaciones y colectivos antirracistas del Estado español presentaron “numerosas quejas y denuncias por la práctica de perfiles raciales” a personas migrantes y racializadas que salían a la calle a comprar alimentos básicos, a lavar ropa, o que simplemente se dirigían a sus lugares de trabajos (RIS, 2020: 9).

Las organizaciones denunciantes afirman que a estas personas se les estaba deteniendo y/o imponiendo sanciones administrativas en “situaciones de arbitrariedad e interpretación extensiva de las normas sancionadoras” (RIS, 2020: 12).

El informe también señala casos de brutalidad policial ejercida contra personas racializadas en diferentes ciudades de España, quienes fueron víctimas de “bofetadas, empujones, golpes y patadas” (RIS, 2020: 13), propinadas por agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Alianzas. Con quién y cómo

El listado enumerado anteriormente no representa cuestiones aisladas entre sí. Todas ellas forman parte de los dispositivos racistas del Estado que conforman una política que produce y reproduce subalternidad en función de diferentes marcadores raciales –color de piel, etnicidad, religión, etc.–, deshumanizando unas vidas (despojándolas de derechos) para mantener los privilegios de otros.

Por ello, más allá de demostrar un profundo desconocimiento sobre lo que es el racismo y cuáles son sus dimensiones, la tendencia a equiparar casuísticas con un sistema mayor de opresión como es el racismo, o creer que el racismo se trata de hechos y conductas aisladas que nos pueden afectar a todos y todas por igual en algún momento, conlleva dos peligros que es necesario mencionar.

Primero, reproduce violencia racial al negar e invisibilizar las vivencias de las personas racializadas, algo que se convierte en un hecho muy doloroso y frustrante, sobre todo cuando se produce en un contexto supuestamente afín. Y, segundo, da paso a un discurso antirracista moral que, al poner el acento en actitudes y conductas individuales (por ejemplo, hablar de manzanas podridas dentro de la policía y no de violencia racista policial), saca del foco de atención aquello que constituye el problema de fondo del racismo: las estructuras político-institucionales que le dan sustento.

¿Es necesario educar a la población contra el racismo? Por supuesto. ¿Hay que hacer campañas en medios de comunicación para incidir en valores como el respeto por la diversidad? Claro que sí. Pero hay que tener siempre presente que toda violencia racista –ya sea física, simbólica, institucional o social– está sustentada en una matriz de poder y que, por tanto, la lucha antirracista tiene que ser, ante todo, una batalla política contra esa matriz que permite y legitima la violencia racial.

Ante este hecho, la reflexión sobre las alianzas en la lucha contra el racismo no es un asunto menor. Para empezar, creo firmemente que la primera y más importante alianza es la que se tiene que dar entre nuestras propias comunidades. Debemos consolidar un discurso que poco a poco ha ido tomando fuerza, seguir denunciando el carácter estructural del racismo y, a la vez, continuar reivindicándonos como sujetos políticos de la lucha antirracista desde los diversos lugares de enunciación de nuestras voces y cuerpos.

En este contexto, movimientos afines como la izquierda blanca, el movimiento LGTB y el feminismo hegemónico pueden actuar como aliados/as. El combate contra el racismo debe ser una lucha en la que se implique toda la sociedad (como en toda lucha social). Sin embargo, para emprender una lucha antirracista de manera conjunta es necesario, por una parte, que los colectivos afines dejen de infantilizarnos hablando de nosotras sin nosotras, y, segundo, que revisen críticamente las narrativas occidentalocéntricas desde las que levantan sus discursos de opresión de clase, género y sexualidad, puesto que ni la desaparición de la clase ni del heteropatriarcado pondrán fin al racismo.

Paula Guerra Cáceres es comunicadora social y activista antirracista

Referencias

De Sousa Santos, Boaventura (2010) Epistemologías del sur. México: Siglo XXI.

(2017) Justicia entre saberes: Epistemologías del sur contra el epistemicidio. Madrid: Ediciones Morata.

Fanon, Frantz (2010) Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.

Foucault, Michel (1998) Genealogía del racismo. La Plata: Caronte.

Grosfoguel, Ramón (2012) “El concepto de racismo en Michel Foucault y Frantz Fanon: ¿teorizar desde la zona del ser o desde la zona del no-ser?”, Tabula Rasa, 16.

Mignolo, Walter (2014) Desobediencia epistémica. Retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y gramática de la descolonialidad. Buenos Aires: Ediciones del Signo.

Quijano, Aníbal(2000) “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en Lander, E. (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Clacso, pp. 122-151.

Right International Spain y Equipo de Implementación del Decenio Afrodescendiente en España (2020) Crisis sanitaria COVID-19: Racismo y xenofobia durante el estado de alarma en España. Madrid: Right International Spain.

vientosur.info/ni-prejuicios-ni-manzanas-podridas-racismo-estructural/


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lunes, 9 de noviembre de 2020

Luis Arce posesiona a su gabinete de ministros y anuncia que su gobierno será austero "Tenemos al frente duras y largas jornadas de trabajo", aseguró el Presidente, quien encargó no sólo la reactivación, sino reconstrucción del Estado.








El presidente Luis Arce Catacora posesionó la tarde de este lunes a su gabinete de ministros, en ambientes de la Casa Grande del Pueblo. Se tratan de 16 ministros entre las que destacan rostros nuevos y con perfil técnico.

 

Éstos son los nuevos ministros posesionados hace instantes.

-Rogelio Mayta, ministro de Relaciones Exteriores.

-Marianela Prada, ministra de la Presidencia.

-Carlos del Castillo, ministro de Gobierno

-Edmundo Novillo, ministro de Defensa.

-Felima Mendoza, ministra de Planificación del Desarrollo.

-Marcelo Montenegro, ministro de Economía.

-Frankin Molina, ministro de Hidrocarburos.

-Néstor Huanca, ministro de Desarrollo Productivo.

-Edgar Montaño, ministro de Obras Públicas.

-Ramiro Villavicencio, ministro de Minería.

-Iván Lima, ministro de Justicia.

-Verónica Navia, ministra de Trabajo.

-Edgar Pozo, ministro de Salud

- Juan Santos, ministro de Medioambiente y Aguas

-Adrián Quelca, ministro de Educación, Deportes y Culturas

-Wilson Cáceres, ministro de Desarrollo Rural y Tierras.

"A los flamantes ministros, ministras de Estado… teníamos que conformar un gabinete a la altura de estos desafíos. Hora que pasa nos enteramos de la patética situación de nuestro Estado. No sólo es reactivación, sino reconstrucción de la Economía. Por eso hemos traído a lo mejor que podíamos traer", manifestó el presidente Arce, en su discurso de posesión.

El Mandatario también pidió a sus ministros un "reporte ejecutivo de la forma en que están recibiendo sus despachos" y anunció que su gobierno será "sumamente austero".

///En desarrollo///



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El TSE emitirá el martes la convocatoria para las elecciones subnacionales






El presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Salvador Romero, aseguró que el martes emitirá la convocatoria para las elecciones subnacionales, que se realizarán en marzo del próximo año.

«Ya concluido el proceso electoral de las elecciones generales, el martes el Tribunal Supremo va a convocar a la elección de gobernadores y de alcaldes, que se va a llevar adelante en marzo del 2021», dijo a los periodistas.

Explicó que a partir del 10 de noviembre se debe contabilizar 120 días para que se efectúen esas elecciones para elegir a las nuevas autoridades departamentales y municipales.

Según los plazos establecidos en la normativa electoral, se prevé que hasta la primera quincena de marzo de 2021 se realice las elecciones subnacionales. Romero adelantó que también se conocerá el calendario electoral de esta contienda para gobernadores de los nueve departamentos y 339 alcaldes del país.



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Morales pide justicia para los exvocales del TSE


En su acto de bienvenida, en la localidad boliviana de Villazón, el expresidente Evo Morales aprovechó la oportunidad para pedir a las autoridades judiciales del país hacer un “acto de justicia” y liberar a los ex vocales y miembros del Tribunal Supremo Electoral (TSE), detenidos por el caso del presunto fraude electoral en los comicios de octubre de 2019.

“Quiero pedir a las autoridades judiciales, hagan un acto de justicia con miembros del TSE. No hubo fraude el año pasado, ganamos en primera vuelta y ahora nuevamente ganamos en primera vuelta”, aseveró Morales.

Producto del supuesto fraude electoral del 2019, cabe recordar, los exvocales del TSE y de los tribunales departamentales se encuentran con detención preventiva y domiciliaria, a espera de que culminen las investigaciones del caso.

Por otra parte, el expresidente – que hoy regresó al país tras un año de estar refugiado en Argentina- habló de lo sucedido en noviembre del 2019, cuando dejó Bolivia tras verse obligado a renunciar a la presidencia.

“Si me quedaba tenía dos caminos, el cementerio o Estados Unidos”, recordó a tiempo de resaltar que “en solo un año” el país “recuperó la democracia”, en referencia al triunfo de Luis Arce en las últimas elecciones.

Asimismo, Morales habló del nuevo presidente del Estado Luis Arce, y reiteró que será él quien elija su gabinete de ministros.

“Tiene que elegir a su gente de confianza, el Gabinete será su familia”, señaló Morales, a tiempo de prometer que junto al Presidente se encargarán de “arreglar la economía”.



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Crítica con perspectiva en la Ecología Política: la destitución del ministro Óscar Mario Justiniano como imperativo ciudadano

Este noviembre de 2025, la designación de Óscar Mario Justiniano como ministro del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) del Estado ...